Érase una vez...una chica sin nombre: Aprendiendo a edificar del pasado (Érase una vez...cuantos que no son cuentos nº 1) por Armando Arturo Hernández Molina

Érase una vez...una chica sin nombre: Aprendiendo a edificar del pasado (Érase una vez...cuantos que no son cuentos nº 1) por Armando Arturo Hernández Molina

Titulo del libro: Érase una vez...una chica sin nombre: Aprendiendo a edificar del pasado (Érase una vez...cuantos que no son cuentos nº 1)

Autor: Armando Arturo Hernández Molina

Número de páginas: 91 páginas

Fecha de lanzamiento: November 10, 2015

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Armando Arturo Hernández Molina con Érase una vez...una chica sin nombre: Aprendiendo a edificar del pasado (Érase una vez...cuantos que no son cuentos nº 1)

“Soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo” –Dice J. Ortega y Gasset-, refiriéndose al enjuiciamiento del hombre por el hombre, tal vez inclusive, sin ser ese su propósito, desde una perspectiva terapéutica. Su cita podemos aplicarla a la luz, tanto del pasado como del presente en el que se ve inmerso todo ser humano. En esas circunstancias ajenas a él, no controladas ni escogidas y que influyen indiscutiblemente en su concepto de realidad que no es independiente de su ser y por ende de sus actos. Es por ello quizá, que añade a su cita [“…y si no la salvo a ella no me salvo yo”]. Es decir; La circunstancia no justifica todo aquello que hayamos hecho bien o mal (o dejado de hacer), sin embargo nos ayuda a comprender el por qué actuamos de determinada manera y así, en base a un honesto escrutinio de nuestro ayer, reconciliarnos con el hoy que es el que realmente nos identifica y describe tal cual somos.

“El hombre es producto del sistema en que está inmerso en su presente, no necesaria y fatalmente en el que se crió; y ese sistema es construido y/o transformado por su conciencia, si voluntariamente así se desea, para ser verdaderamente libre” - Dice Armando Arturo Hernández Molina-.

Todo hombre y mujer es poseedor innato de algo que se llama conciencia, misma que “le grita” cuando está a punto de hacer algo mal (o ya lo hizo). Y es esa conciencia lo que realmente le da identidad propia a la persona. No “nivel de conciencia” como lo vende la New Edge; la conciencia no tiene niveles, es de un solo escalón y todos la poseemos, así que “la circunstancia” o el “sistema” son factores endógenos que pasan a ser secundarios, no son determinantes ni mucho menos fatalistas. Es por ello que Arturo Hernández asegura: “Soy yo y mi conciencia”.

“De que lloren en mi casa, a que lloren en la tu-ya…que lloren en la tuya” es una de las máximas sostenidas en la vox populi, que describe fielmente los más obscuros sentimientos en que vive gran parte de los habitantes del planeta y que se encuentra a punto de turrón para el colapso universal.

El mundo se encuentra en una tercera guerra mundial “a cachitos”, a episodios, pero… de que estamos desde hace décadas en una conflagración mundial, lo estamos.

La destrucción del mundo tal y como hoy lo cono-cemos, es inminente si el hombre no toma conciencia de sí mismo y comienza cambiando su propia realidad y la de su área de influencia como lo es su familia de manera primordial, para así, como consecuencia infalible, cambiar la nefasta realidad del planeta. Es tiempo de profunda reflexión, oración y acción. Es momento de darse cuenta que la vida es maravillosa y sagrada.

Partiendo de esa base, Arturo decide edificar de su pasado y convertirlo en un verdadero manantial de aprendizaje en el presente, y así contribuir, no solamente a su propio bien-ser y bien-estar, sino al de sus hijos, y el entorno que lo rodea.

En este primer volumen de la serie “Erase una vez…”, el autor comienza a realizar una profunda interiorización de las circunstancias de su pasado, partiendo (no necesariamente en orden cronológico) de su infancia, adolescencia y juventud. Una intro y retrospección como quien ve la película de su propia vida, sentado en el auditorio, en donde solamente se encuentra él y su conciencia. La diferencia es que ahora es observador, no protagonista y eso le permite ver con mucho más objetividad, a luces y pocas sombras, quién fue, para de esa manera, entender quién es. Pero lo más importante…quién decide ser desde ese momento.